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á las Escrituras: el sistema sospechoso que establece." En la segunda lo sigue paso á paso en los siete puntos particulares que trata. Yo haré en sola esta parte, lo que V. hace en las dos. Defenderé á la obra con ella misma: primero de sus impugnaciones generales, y despues de las particulares. Comencemos sin perder tiempo en preámbulos inútiles, que deseo ser breve cuanto mas pueda, por no molestarlo.

Del modo indigno de tratar á los doctores Católicos.

31. Este es el punto por donde V. comienza su impugnacion, y por donde comienza y acaba su concordancia: punto en que los contrarios del autor todos lo acusan, y pocos los parciales que lo escusan: punto en que V. como de fecundo antecedente le saca gravísimas y absurdísimas consecuencias. ¿Y como? Dice V. al número 2 de su impugnacion: "Tratar de este modo á unos hombres de un mérito indecible: que son luminares de primera magnitud en el cielo de la Iglesia: que por su enseñanza á los fieles resplandecerán con luminosas laureólas por perpetuas eternidades que están destinados por Dios por maestros del pueblo Cristiano... á unos hombres tan grandes tratarlos tan indignamente ¡ó qué pecado, no solo grave, sino gravísimo!" Pero pregunto lo primero: ; y este pecado es tan grave en la obra como en el compendio? Segundo : ¿ y en la obra no tiene disculpas, que lo hacen no solo ligero, sino del todo escusable? Vamos al exámen: espero que en el tribunal de la razon, nuestro autor saldrá no solo perdonado, sino plenamente justificado.

32. Para el exámen no quiero otra regla que la que V. nos da en su concordancia. Dice V. al principio de ella: “Para ver la mútua correspondencia del compendio con la obra, tome quien quiera certificarse por sí mismo en su mano el compendio... comience á leerlo atenta y desapasionadamente... Y despues lea en la obra segun las citas que le iré dando: y hallará y tocará con las manos la

concordia del uno con la otra." Optimamente: obedezco desde luego, y con ánimo atento y desapasionado me hallo con el compendio en una mano, y la obra en la otra: ordene V. "Lea (me dice V.) primeramente el proemio del compendio. En él se atribuye (así prosigue V. quitándome á mí en parte el trabajo de leer) la perdicion de los Judios, y el no haber reconocido á su Mesías en su primera venida, á los doctores Rabinos, y al modo con que estos entendian las Escrituras. Despues dice, que nosotros los Cristianos corremos el mismos peligro de no reconocer al Señor en su segunda venida, por causa de las ideas peregrinas que sobre este particular nos subministran nuestros doctores y espositores, &c." Poco mal hasta aquí. Y ¿qué mas? V. no dice mas: pues yo diré lo demás que á V. le falta. Prosigo leyendo en el lugar citado del compendio, y al número 4, hablando de los doctores Judios, dice así: "Es mui fácil á los intérpretes y doctores, por justos y rectos que sean, discrepar algo ó mucho de la verdadera inteligencia de la divina palabra, principalmente en lo que es profecía, ó anuncio de lo futuro. Por eso, los que en estas fuentes beben sin cautela, y adoptan sin crítica ni exámen las opiniones que se contienen en los libros de los que no son profetas ni órganos del Espiritu Santo, se hallan en gran peligro de acaudalar en lugar de verdades, un amasijo de errores, &c." (Número 6.) Aplicando la comparacion habla así con los Cristianos: " porque si nosotros, que creemos la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo, nos hallamos cuando él venga en la misma disposicion de ánimo que tuvieron los Judios al tiempo de la primera venida, ¿quién podrá dudar que corremos el mismo peligro que ellos? ¿Quién podrá dudar, que habiéndonos forjado ó admitido como cierto y de fe un amasijo da ideas torcidas, falsas, y del todo contrarias á lo que nos anuncia la divina Escritura acerca de la segunda venida del Mesías; nosotros nos hallémos esperando, ó mejor diré, mirando como muy lejos esta segunda veniba, al tiempo que se halle ya verificada, ó se

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esté verificando, &c?" (Número 7) dice: "Que nosotros estamos en mayor peligro de engañarnos, ó ser engañados sobre la segunda venida del Señor, de lo que lo estuvieron los Judios acerca de la primera, &c." Suplida la confesion de estos tres pecadillos, que por su parvedad se le perdian á V. de vista, me dice V.: "Que lea en la obra toda la introduccion, donde se dice lo mismo, con sola la diferencia que en ella habla el autor con mas atrevimiento contra los doctores, á quienes al principio alaba, y despues ofende. Me trae esto á la memoria (dice V.) el Salve, rei de los Judios, y le daban bofetadas, &c."* ¡ Pobre de mí! Yo pensaba que no era tanto, y aora salimos con que es mayor el atrevimiento en la obra que en el compendio. Y esto es tan claro y evidente, que no solo se ve con los ojos, sino tambien se toca con las manos. Tan cierto é innegable, que aun cuando no hubiera otra cosa, "la introduccion sola de la obra basta para hacer ver la concordancia: pues los doctores en ella son mui denigrados é infamados: y el autor muestra demasiado el concepto nada ventajoso que tiene de ellos, comparándolos con los Rabinos."

33. He leido ya el compendio: he oido ya á V., y cuando no tenga mas que añadir, paso con su permiso á leer la introduccion de la obra que me ordena, para venir al cotejo. La leo, y hallo que en ella, como en el compendio, se atribuye la pérdida de Israel á sus maestros y doctores, por la mala inteligencia de los libros santos: hallo que en ella, como en el compendio, se dice, que nosotros los Cristianos en el punto de la segunda venida del Señor, caminamos sin pensarlo al mismo precipicio en que cayeron los Judios en la primera. Pero cuando se llega á hablar de la causa, hallo una gran diferencia entre la obra y el compendio: el compendio dice, que porque nuestros doctores nos han engañado porque nos han forjado y hecho admitir como cierto y de fé un amasijo de ideas torci

* Ave rex Judæorum, et dabant ei alapas.

das, falsas, y del todo contrarias á lo que nos anuncian las Escrituras. La obra dice: "me atrevo á deciros, (nótese el mayor atrevimiento del autor), y á probarlo sólidamente, que las ideas que nos dan nuestros doctores sobre la segunda venida del Señor, no son tan ciertas ni tan conformes á las Escrituras como las juzgamos: y que no debiéramos abrazarlas, sino despues de un sério exámen y exacta comparacion con las Escrituras, que es de donde nos deben constar." Aora, dígame V. cándidamente cual le parece á V. modo mas indigno y atrevido de tratar á los doctores ; el del compendio que dice, que son unos engañadores, que nos forjan y encajan en la cabeza como cierto y de fe un amasijo de ideas torcidas, falsas y del todo contrarias á las Escrituras; ó el de la obra que dice, no acertiva, sino opinativamente, que las ideas que nos dan nuestros doctores, no son tan ciertas ni tan conformes á las Escrituras como las juzgamos? ¿Qué me responde V.? ¿Se mantiene todavia en afirmar, que la diferencia sola que halla entre la obra y el compendio, es que la obra habla con mas atrevimiento contra los doctores? Yo no sé lo que me dirá V.; pero creo ciertamente que no habrá hombre que tenga ojos en la cara, que no vea la gran diferencia, y viéndola no me diga, que cuanto el autor es moderado y respetuoso, tanto el compendio es insolente y desvergonzado. V. me decia que sola la introduccion de la obra bastaba para hacer ver la concordancia y yo le digo, que basta ella sola para hacer ver la discordancia. Yo no sé qué desgracia es la de su concordancia, que cuantas veces la llamamos á exámen, la hallamos no concordante, sino discordante. Ni me diga V. que la disonancia y variedad está solo en las voces: porque á mas de ser sustancialmente diverso el significado de las voces, le diré, que cuando se habla de modos de tratar, son de mucha sustancia las mismas voces.

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34. Pero siempre queda (me replica V.) que el autor ha comparado á nuestros doctores con los Rabinos: y ¿puede darse comparacion mas oprobriosa? comparar á los doc

tores Católicos, á unos hombres tan grandes y de un mérito indecible, á unos luminares de primera magnitud en el cielo de la Iglesia! ¿Y con quienes? Oid cielos; tierra, prepara los oidos*. Con quienes los compara? ¿A quien nos asemejastes, y con quien nos igualastes +? Con los Rabinos, gente la mas vil, la mas soez, la mas abatida, oprobrio de los hombres, é ignominia de la plebe ‡. ¡0 atrevimiento! ¡ó insolencia! ¡ó oprobio! Demasiado muestra el autor con esta comparacion el concepto nada ventajoso que tiene de nuestros doctores. Confieso á V. y no puedo negarle que los compara á los Rabinos; pero le niego que esta sea una comparacion oprobriosa, sino solo para el vulgo ignorante, que entiende mal, ó no entiende lo que significa la voz rabino; no para los sábios como V., que saben mui bien que es un renombre de honor, derivado de la palabra Hebréa rabbi, que significa maestro. Si hai alguno tan pobre que lo ignore, basta que ábra un Lexicon escritural, y á la palabra Rabbi verá: Esta voz no significa en Hebreo simplemente maestro, como cree el vulgo: si no, maestro mio§. Con este honorífico título llamaron á Cristo, el ciego en S. Marcos (x, 51), la Magdalena en S. Juan (xx, 16), y frecuentemente los discipulos en los evangelios y nunca el Hombre Dios le rechazó como oprobioso; antes bien lo juzgó de tanta escelencia, que tachando á los escribas y fariséos por la ambicion de tenerlo, enseñó á sus apóstoles, que no fueran tan liberales en darlo que se llamasen entre sí hermanos, y que el título de rabbi (para V. tan oprobrioso) se la reservasen para él, que era su único y verdadero maestro escelencia : Los Escribas y los Fariseos gustan de los primeros puestos en los convites, y que los hombres los llamen

* Audite coli, et auribus percipe, terra.

Isai. i, 2.

↑ Cui asimilastis nos et adæquastis ? — Isai. xl, 25.

Oprobrium hominum et abjectio plebis.

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§ Non quod vulgò persuasum est, Hebreis ea vox simplicitèr Magistrum significat; sed cum affixo pronomine Magister meus: at siquidem allóquere Magister mi.

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